Llega el momento del reencuentro, deseado y temido, porque sabes que saldrán a relucir las flaquezas. A veces incluso resulta más atractivo enfrentarte a un ejército medieval, a espadazo limpio antes que tragar con las verdades de ciertas personas. Con tan mala suerte de que vivimos en un mundo privilegiado, en la calle celebran una despedida de soltera, un tipo le grita a otro que "dejes ya te tocar el claxon, ¡coño!" y no importa lo mucho que desees maquillar los hechos porque la verdad está ahí fuera... No, en serio. La verdad es que no soy William Wallace, pero cada cual tiene sus batallas, las asuma o no, y el VALOR es un bien escaso. Por dios, la libertad es un diamante en bruto que joder cómo pesa...
Ese escocés no sabía de lo que hablaba: "Oy, oy, que los ingleses nos quieren gobernar..." Pues déjales... ya se cansarán. Mira, Willy, hoy por hoy, sin un enemigo corpóreo, evidente, ¡¿qué nos queda?!
"Gilipollas" grita una quinqui borracha bajo mi balcón (ni que estuviera leyéndome). Como dice la señora de las mayas modelo tigretón, gilipollas quedan, muchos... "hijos de puta", como apostilla la buena señora, también nos quedan... pero, ¿enemigos? Sólo uno: terrible y siempre al acecho, insoportable, inquebrantable, inseparable, impermeable (también, ¿por qué no?).
¡INMP! Ése maldito, capaz de sacar lo peor y, de vez en cuando, también lo mejor. Si siempre está ahí, ¿por qué no sacarle provecho?
Saquémosle provecho y dejémonos SER.